Si el verano tuviera un aroma característico, olería a coco.

Si el verano tuviera un panel de inspiración o mood board, el coco estaría justo en el centro. No la versión azucarada y dulce de las vacaciones infantiles, sino la versión adulta: suave, cremosa y discretamente adictiva. Es el sol en forma de aroma, un poco nostálgico, un poco nuevo.


Lo que hace que el coco sea tan llevadero es su capacidad para transformarse. Puede tener un toque cálido y lácteo, suavizar un floral intenso o aportar cremosidad a una fragancia amaderada. Lo encontrarás combinado con vainilla, con sal, incluso con cítricos, siempre añadiendo suavidad sin robar protagonismo.


Tanto si buscas la sensación de la arena bajo tus pies como si solo quieres oler como si hubieras disfrutado de un buen descanso, el aroma del coco te lo proporcionará. Es sencillo, familiar y, de alguna manera, hace que todo parezca un poco más parecido a unas vacaciones.